Francia encara a googlebook, y da sentencia condenatoria


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Las letras francesas vibraron hoy al sonido del martillete de un juez. El del Tribunal de Gran Instancia de París, que pronunció la sentencia que constituye la mayor bofetada jamás asestada al gigante Google: el Tribunal estimó que el proyecto Google Books de digitalización y oferta online de libros, sin acuerdo de editores y escritores en muchos casos, constituye una “falsificación de derechos de autor”.

Y sin mayores rodeos, ordenó al gigante que retire las páginas de su plataforma.

La sentencia fue pronunciada a petición de una coalición de notables de las letras francesas liderada por las Editions La Martinière, punta de lanza del Grupo Seuil.

Estos habían demandado a Google por su política de digitalizar extractos de libros que en muchos casos les pertenecían y que luego eran ofertados gratuitamente, por páginas, en la web .

Y el gigante de Mountain View, en Silicon Valley, lo hacía sin miramiento y sin pedir permiso.

Aunque el juez no dio satisfacción a la demanda de 15 millones de euros en daños y perjuicios solicitados por La Martinière por los 3.000 libros de su catálogo digitalizados por Google, eso es lo de menos. Como lo de menos es que la estrella de los valores tecnológicos bursátiles vaya a tener que desembolsar 300.002 euros, según la sentencia.

Lo grave, para Google, es que el juez fue taxativo al calificar de “falsificación de derechos de autor” la práctica que la firma consideraba un simple ejercicio de “democratización de obras”, según sus portavoces. Y, peor aún: el magistrado parisino, sin duda minúsculo visto desde Silicon Valley, se permitió “prohibir” a Google seguir digitalizando, y le ordenó retirar de inmediato las obras objeto de litigio, con una multa de 10.000 euros por día de retraso en la eliminación.

En perjuicio de las editoriales

Durante las vistas, celebradas hace unos meses, Google había puesto en duda la competencia de la Justicia francesa en un asunto que, por otra parte, está siendo objeto de muchos litigios y negociaciones en todo el planeta, incluido EEUU.

Pero la tercera cámara del Tribunal de Gran Instancia de París reivindicó su competencia y sentenció que Google, “al reproducir íntegramente y poner a disposición extractos de obras” sin autorización de editores y autores, “cometió actos de falsificación de derechos de autor en perjuicio de las Ediciones Seuil, Delachaux & Niestlé y Harry N. Abrams”, así como en perjuicio de los franceses Sindicato Nacional de la Edición (SNE) y Sociedad de las Gentes de las Letras (SGDL).

Google dispone de un mes para ponerse en conformidad con la medida y cerrar el acceso a las obras digitalizadas por fragmentos. En caso contrario, entraría en juego la multa suplementaria de 10.000 euros por día de retraso.

Hoy, los abogados de ambas partes estudiaban la sentencia. Google anunció su intención de presentar un recurso contra la decisión, pero el juez francés se permitió recordarle que un recurso no suspende la aplicación de la condena. Los abogados de Google deberían, si quieren eximirla de su cumplimiento, lograr una condena previa del juez, antes de suspender la validez provisional de su veredicto.

Una de las abogadas de Google en Francia, Alexandra Neri, afirmó que la sentencia “no hace avanzar los derechos de autor, sino que constituye dos pasos atrás en el derecho de acceso de los internautas al patrimonio literario francés y mundial, y coloca a Francia en el vagón de cola de Internet”.

El ánimo en las letras francesas

No opinan así las gentes del mundo editorial galo. Nada más conocerse la sentencia, la web de la más célebre de las revistas literarias francesas, Livres Hebdo, enarbolaba una caricatura: Astérix propina una formidable patada a un soldado del Imperio Romano que, proyectado por los aires, destrozaba a su paso el coloreado logo de Google. Un símbolo cómico que pone a las claras el orgullo a la Astérix de los franceses en su combate contra la multinacional de la red y contra su modelo económico.

La broma traduce el estado de ánimo en las letras francesas desde que decidieran, en 2006, oponerse a los proyectos de biblioteca universal electrónica iniciados por Google ocho años antes. Una oposición que se manifestó por dos vías: la querella, por un lado, y el proyecto de digitalización Gallica y Europeana, por otro.

Como resumió el abogado de La Martinière en las audiencias, Yann Colin, el sistema de Google es juzgado por el mundo literario francés como “ilegal y peligroso”. Estiman que el gigante informático, de propiedad privada, al poner a los editores y a las instituciones culturales ante el hecho consumado, los condena de antemano a quedar fuera de juego en el que será forzosamente uno de sus espacios de futuro: el libro digitalizado.

Durante meses, Google ha explicado que la totalidad de las obras digitalizadas en su integridad eran libros de dominio público, sin derechos de autor. Y que, cuando se trata de libros que siguen sujetos a derechos o a copyright, lo único que hacía era digitalizar la portada y breves pasajes para popularizar esas obras y facilitar su acceso, o incluso para venderlas vía Internet, pagando los derechos legalmente exigibles a las editoriales.

Discutible dominio público

Varias investigaciones de Livres Hebdo y de Le Monde han probado que esas afirmaciones de Google podían ser puestas en duda. Gracias a su acuerdo con bibliotecas en todo el mundo -hasta en Francia-, Google habría digitalizado un total de unos diez millones de obras. Un 20% estarían libres de derechos, pero la pertenencia al dominio público del resto sería discutible.

También varios editores franceses afirman haber descubierto que, vía la digitalización, Google ofertaba casi íntegramente en versión electrónica gratuita obras de sus catálogos. Eso afirma, por ejemplo, el editor Patrick Beaune. Tras firmar un acuerdo con Google que autorizaba a éste a ofertar el 30% de cada uno de sus libros, se dio cuenta de que un internauta, multiplicando las peticiones de porciones del 30%, podía acabar consultando casi el 100% de la obra.

La bofetada de la Justicia francesa forma parte del pulso que Francia está librando en el terreno de la digitalización de obras frente a la multinacional. Tras fracasar parcialmente en su primer proyecto de digitalización de las colecciones de la Biblioteca Nacional de Francia (BNF), llamado Gallica, París revisó su posición y dijo sí a Google en verano.

Ahora, la BNF prosigue las negociaciones con Google, pero al mismo tiempo el Estado ha anunciado que va a dotarla con 750 millones de euros suplementarios para su propio escaneado del patrimonio de obras. Gallica, que inicialmente había sido dotada por Jacques Chirac con 80 millones de euros anuales, había fracasado porque finalmente sólo recibía unos 7 millones al año.

Tras el pasado acuerdo del 13 de noviembre entre Google y el mundo de las letras norteamericano, la firma de tecnología parecía abocada a poder generalizar su proyecto de biblioteca universal. La sentencia de hoy es el primer frenazo y podría dar ideas a los editores alemanes, italianos y españoles sobre el camino hacia su supervivencia.

con información de publico.es

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