El Estandarte de Hidalgo


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Jacinto Barrera Bassols reconstruye la historia del primer símbolo de la Independencia

Pone a la luz la parte oculta de la verdad oficial.

Nada es imposible cuando existe voluntad política. Hasta un óleo puede convertirse en estandarte y transformarse, así, en el primer símbolo de la Independencia de México.

El historiador Jacinto Barrera Bassols siguió la pista al lienzo de la Virgen de Guadalupe que hasta hoy se exhibe en el Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec identificado como el que tomó Miguel Hidalgo del Santuario de Atotonilco para ponerlo al frente de las tropas insurgentes.

Esta imagen, pintada en 1805 por Andrés López, miembro de la Academia de San Carlos, es la misma que abrió el 16 de septiembre de 1910 el desfile militar que puso fin a las fiestas del Centenario de la Independencia, bajo una leyenda que decía: “Este es el estandarte que utilizó el padre Hidalgo”.

“Toda buena tradición es una invención colectiva, no personal”, subraya Barrera Bassols. Y lo que hace el historiador en Pesquisa sobre un estandarte es mostrar cómo interviene el poder para convertir un objeto en símbolo.

Pero ningún crimen es perfecto, siempre deja huellas, como pudo comprobar Barrera Bassols a lo largo de su investigación. “Resulta significativo”, dice, “que sean tres dictadores quienes se preocupen por establecer la autenticidad de la pieza: Iturbide, Santa Anna y Porfirio Díaz“.

El origen de la leyenda se remonta a unos días después del inicio del movimiento, cuando el 24 de septiembre de 1810, para justificar la excomunión de Hidalgo, el arzobispo de Michoacán, Manuel Abad y Queipo, lo acusa de pintar “en un estandarte” la imagen de la Guadalupana, incurriendo en el delito de “fautoría”, el pecado, explica Barrera Bassols, de buscar derrocar tanto el trono como el altar.

“Trata de crear la imagen de un Hidalgo que con mala fe o con toda la deliberación construye este objeto para soliviantar a las masas. Es el momento inicial de la leyenda”, cuenta el especialista de la Dirección de Estudios Históricos del INAH.

Durante su juicio en mayo de 1811, Hidalgo declara que fue una “ocurrencia” haber tomado un lienzo de la Virgen de Guadalupe a su paso por el Santuario de Atotonilco para ponerlo al frente de su ejército. Versión que es retomada por Lucas Alamán en su Historia de Méjico.

Pero existe un testimonio más, consignado por Benito Abad de Arteaga en Rasgos biográficos de Don Ignacio Allende. Ahí, la hermana del capellán del santuario, Juana González, asegura haber visto cómo uno de los miembros de la tropa tomaba la imagen y salía gritando vivas a la Virgen de Guadalupe, mientras Hidalgo tomaba, acompañado de Allende, un chocolate en la sala de la iglesia.

“La reacción inicial de Hidalgo, intuitiva, es pedir que se retire la imagen, pero cuando ve que la reacción de sus seguidores es positiva, entiende que oponerse es un peligro y, como buen revolucionario que era, asume la circunstancia como propia”, explica Barrera Bassols.

Para entonces, ya se encuentra en la Ciudad de México el que fue descrito por el general realista Josef de la Cruz como el “estandarte principal de los rebeldes”. Tomado como trofeo de guerra en la batalla del Monte de las Cruces el 30 de octubre de 1810, fue llevado al virrey Francisco de Venegas por el entonces capitán Agustín de Iturbide. La pintura será exhibida desde mediados de 1850 hasta 1896 en el Museo Nacional.

La imagen de López reaparece el 1 de abril de 1811, capturada por Vicente Ferrer en la batalla del Puerto de Piñones. El capitán realista la hereda a su hijo mayor, el teniente Gerónimo Hernández, quien a su vez la entrega a su hermano Bernardino. En 1834, el cura Francisco González de Piñera la dona a la Iglesia de San Francisco de San Juan del Mezquital en Zacatecas.

Ahí permanece hasta que en 1854 un funcionario santanista abre una averiguación judicial para probar que se trata del primer estandarte de Hidalgo. Es despedida de Zacatecas con repique de campanas, pero recibida en silencio en la Ciudad de México, donde es llevada a la Colegiata de Guadalupe. En 1858, el canónigo Mariano Orihuela escribe en el dorso que se trata del “estandarte” con el que Hidalgo proclamó la Independencia. Y anota un dato clave en la historia, al asegurar que el lienzo fue llevado a la Parroquia de Indios por el Presidente Antonio López de Santa Anna el 12 de diciembre de 1853.

Esta fecha, cronológicamente imposible, permitirá al Prefecto de la Villa Guadalupe Hidalgo, Eduardo Velázquez, establecer la autenticidad del estandarte cuando en 1895 reemprenda la investigación sobre su origen, basándose en “testigos” que asistieron a la procesión que llevó la imagen a la parroquia.

Es en el Porfiriato, señala Barrera Bassols, cuando se abre la etapa más “oscura” de la pieza.”Nadie actúa con libertad. Cada uno ejerce su poder y padece distintas presiones”.

Sucede entonces un episodio rocambolesco, cuando el abad de la Colegiata, Antonio Plancarte, se niega a reconocer la imagen como el estandarte de Hidalgo, siendo llevada clandestinamente al domicilio del arzobispo, Manuel Orihuela, hasta que el Ministro de Gobernación de Díaz ordena su entrega. La autenticidad de la pieza queda establecida en el Diario Oficial de la Federación del 24 de febrero de 1896.

Meses después, la Comisión de Trofeos encargada de verificar el origen de las piezas que formarán parte del Museo Nacional de Artillería, inaugurado ese mismo año, descubre el “otro” estandarte que se exhibe en el Museo Nacional, y es el ex director del recinto e historiador, Jesús Sánchez, el encargado de dirimir el conflicto. Previo acuerdo con el Ministro de Justicia e Instrucción Pública Joaquín Baranda, Sánchez sella la versión oficial, al determinar que la pintura de López es el lienzo que Hidalgo tomó en Atotonilco.

Pero lo que no existe, según Barrera Bassols, es el verdadero estandarte. “La única referencia histórica que se tiene del uso de una imagen religiosa por parte de Hidalgo es un cuadro, no un estandarte. Lo que quizá nunca podremos saber es cuál fue la primera imagen utilizada por Hidalgo, a la que él mismo hace referencia”.

Queda descartado que lo sean el cuadro de López y el estandarte tomado como trofeo en el Monte de las Cruces, debido a que ninguno tiene las inscripciones a las que hace referencia el arzobispo Abad y Queipo en el edicto de excomunión dictado contra Hidalgo: “Viva la Religión, viva nuestra Madre Santísima de Guadalupe, Viva Fernando VII, Viva La América y muera el mal gobierno”.

“La desmitificación (de los símbolos patrios) debe ser permanente, no tiene que estar ligada a una fecha o conmemoración, yo hice este trabajo hace 15 años por puro gusto. Lo que hace vivible el oficio de historiador es no someterse de manera gratuita a las mitificaciones que su época le impone, es un gozo de libertad salirse de las arcas de las estampitas escolares que nos formaron”.

La Virgen de Guadalupe pintada por López se expuso a la entrada del Museo Nacional de Artillería desde su inauguración en 1896 hasta su clausura en 1917, y ha sido exhibida al público en el Museo Nacional de Historia desde que abrió sus puertas en 1938.

El pendón dice “Andreas López fecit Mexici 1805. Sobre este particular, se menciona en el libro Microhistorias de Aguascalientes; Luis Gerardo Cortez; CONACULTA, Pacmyc 2009, en el artículo titulado Andrés López, pag 213- 220. López estuvo en Aguascalientes, y su máxima obra es la ciudad es el vía crucis que se localiza en el templo del Encino.”

Fuente www.reforma.com

  1. 2010/05/21 en 11:09 AM

    Hola Luis Gerardo:
    Éste me pareció un muy buen artículo, controversial, desde luego, pero al final de cuentas, ésto demuestra como todavía existe gente preocupada por rescatar nuestros orígenes e identidad como pueblo mexicano que somos.

    Te felicito por éstos artículos y esperamos seguir compartiendo tu conocimiento y el de tus fuentes.

    Enhorabuena.

    Cordialmente:

    Ing. José Jorge Esparza Osorio.

  2. lolis
    2010/08/26 en 6:31 PM

    super m ayudo mucho

  3. BLANCA OLIVIA TIRADO BETANCOURT
    2011/09/11 en 10:45 AM

    creo que era tiempo de enardecer , y los mexicanos siempre tienen que creer en algo para fin de luchar y que mejor que la virgen de guadalupe, motivadora de los corazones y creencias de los mexicanos .
    como reflexión :
    cada uno de nosotros necesitamos creer en algo , para fin de sucumbir
    atte: profra. blanca olivia tirado betancourt

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