Hallan vestigios en Chihuahua


La Barranca de la Sinforosa

En la Sierra Tarahumara se hallaron sitios habitacionales y funerarios, así como restos humanos.

Más de una decena de sitios de carácter habitacional y funerario, algunos con más de mil años de antigüedad, selocalizaron al interior de cuevas de poca profundidad en la Barranca de la Sinforosa, en Chihuahua. De acuerdo con estudios preliminares, los vestigios podrían corresponden a los tubares, un grupo indígena que durante la Colonia se aisló en la Sierra Tarahumara para evitar su evangelización, y que se extinguió hacia finales del siglo XIX.

Se trata de nueve sitios de tipo habitacional/residencial, dos de tipo ceremonial/ritual, y un par más de carácter funerario/cementerios, encontrados en las localidades de Ohuivo, Chorogue, Zapuri y Güerachi, correspondientes al municipio de Guachochi, Chihuahua.

El arqueólogo Enrique Chacón, adscrito al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), comentó que de acuerdo con las primeras exploraciones de prospección, se identificaron estos tres tipos de sitios, los cuales, conforme a la arquitectura, el sistema de entierros y referencias de investigación en la región, su antigüedad corresponde del año 1,000 d. C. a los siglos XVI y XVII.

Sobre las características de estos sitios, encontrados durante los recientes trabajos de exploración, expresó que los habitacionales/residenciales son similares a los que tradicionalmente se conocen en el noroeste de México y suroeste de Estados Unidos como “casas en acantilado”.

“Son construcciones de tierra y piedra, con aplanados en las paredes. Corresponden a cuartos destinados para dormitorio, así como graneros y otras estructuras para almacenamiento. Todas ellas fueron construidas al interior de abrigos rocosos o cuevas de poca profundidad, y eran utilizadas para dormir y protegerse de animales salvajes que abundaban como león, puma, oso y lobo, o de otras tribus enemigas”.

En la localidad de Ohuivo se encontraron la mayoría de los sitios: cinco habitacionales, dos funerarios y uno ceremonial; en Chorogue se halló uno de carácter ceremonial; en Zapuri, uno de tipo habitacional, y en Güerachi, tres habitacionales.

El investigador del Centro INAH Chihuahua detalló que en los espacios de índole funeraria, detectados en un pequeño abrigo rocoso, se localizaron los restos de cinco individuos: dos infantes y tres jóvenes, los cuales datan de los años 1000 al 1450 d. C., mientras que en una cueva se encontraron los restos de al menos seis individuos de ambos sexos (infantes, jóvenes y adultos), que datan de los siglos XVI o XVII. En general, los restos humanos se encontraron dispersos, sin articulación ni posición anatómica”.

Las evidencias materiales asociadas indican que los individuos fueron envueltos en mantas de fibras vegetales (petates), atados con cuerdas y asegurados con agujas de madera. Asimismo, fue factible identificar que fueron sepultados con ofrendas, compuestas por artefactos de cerámica lisa y de calabaza-guajes, principalmente.

En lo que corresponde a la filiación cultural de los vestigios arqueológicos, Enrique Chacón indicó que de manera preliminar, el conjunto corresponde a los tubares. “En la memoria histórica colectiva del pueblo rarámuri (tarahumara) se tiene la referencia de que los sitios arqueológicos que localizamos fueron habitados por los cocoyomes, término que era utilizado para designar así a los tubares que no aceptaron la evangelización y se aislaron hacia los rincones más profundos de la Sierra Tarahumara”, explicó el investigador.

Hasta el momento, dijo, no se han podido definir las principales características de esta etnia, pero se sabe que era un pueblo ribereño que desarrolló a partir de su relación con los ríos que corren por las barrancas de la Sierra Tarahumara. Asimismo, establecieron relaciones culturales con el pueblo rarámuri y los grupos de la costa del Pacífico (norte de Sinaloa y sur de Sonora).

“Se sabe que los tubares tuvieron tres etapas de desarrollo: fueron nómadas, luego seminómadas y finalmente se asentaron y formaron pequeñas comunidades aprovechando las cuevas como viviendas, tumbas y graneros para almacenar sus alimentos”, expresó Chacón.

En cuanto a los sitios ceremoniales/rituales, abundó que corresponden a oquedades (morteros o pocitos) realizadas sobre la peña de los cerros donde, al parecer, se realizaban rituales. De este tipo de sitios, uno de ellos se localizó en la cúspide de un cerro y el otro en la entrada de una cueva.

La visita de exploración arqueológica a estas localidades fue en respuesta a un aviso presentado por un grupo de indígenas, quienes encontraron dichos vestigios en el segundo semestre de 2009, sólo que fue necesario dejar pasar la temporada de lluvias para poder acudir al lugar, ya que el fango y la espesa vegetación dificultaban el acceso.

“En el lugar obtuvimos muestras del material cerámico para compararlos con la colección de cerámica tubar que se tiene en las instalaciones del Centro INAH Chihuahua”, dijo el especialista.

Enrique Chacón concluyó que el primer paso para la protección de las cuevas y en general de los vestigios arqueológicos, ha sido el registro de los mismos y su inclusión en el Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicas.

Modificado el ( martes, 02 de febrero de 2010 )

Fuente Inah-conaculta

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