LA CARTOGRAFÍA Ó EL IMPULSO ILUSTRADOR DE LAS CIENCIAS EXACTAS


LA CARTOGRAFÍA

Ó EL IMPULSO ILUSTRADOR DE LAS CIENCIAS EXACTAS

FELIPE REYES ROMO

Hace unos meses encontré en una de las casas de antigüedades de la Ciudad de Zacatecas un interesante  y deteriorado testimonio histórico relacionado con el avance y la aplicación de las ciencias exactas en el Siglo XVIII. Es un mapa de América que no mide más de un palmo por lado. Se trata de la  “Carta del Nuevo Continente. Según su mayor magnitud diametral desde el Río de la Plata, hasta más allá del Lago de las Asimboiles”. Con toda seguridad, esta Carta geográfica es uno de los abundantes grabados con los que se ilustró la obra Histoire naturelle, générale et particulière, editada en París, en el año de 1788, por el célebre naturalista francés, Georges Louis Leclerc, conde de Buffon.

Es un típico plano del S. XVIII, coloreado a mano y salido de las láminas grabadas en cobre, en las cuales se vertieron los principales hallazgos geográficos de la época. Sin embargo, esta representación gráfica carecería de importancia si no se advierte la leyenda que dice: “Executado en presencia del Conde de Buffon por el Señor Roberto Vaungoudy el año de 1745 y copiada por Don Juan de le Cruz en el de 1782”.

Por este solo hecho, el documento adquiere una importancia excepcional puesto que se constituye como el testimonio de una especie de convención de científicos, conformada por tres genios del movimiento enciclopedista: un naturalista ilustrado y divulgador de las ciencias, como lo fue Leclerc y dos connotados cartógrafos; Didier Robert de Vaugondy y Juan de la Cruz del Cano Olmedilla, con objeto de zanjar diversas controversias en torno a la Latitud y Longitud continentales de América y las fronteras de las diferentes posesiones territoriales de las potencias imperiales de la época.[1]

cartografia

¡Quien puede dudarlo!, tras de este humilde y maltratado folio, se despliega un impresionante escenario histórico que se encontraba urgido de definiciones científicas, pero no menos barruntado de disputas políticas, económicas y territoriales: Francia y Los Estados Unidos, pero sobre todo España y Portugal encabezaron la lista de territorios con fronteras en litigio entre imperios, y al interior de los Virreinatos españoles: Chile y La Plata. En la Carta del Nuevo Continente, se revela inequívocamente que el eje vertical del Septentrión al Mediodía, trataba de establecer una referencia geográfica convencional mucho más exacta para el continente, pero especialmente para los territorios de Chile y La Argentina. Permítame comentarlo brevemente.

Un poco antes de que se llevara a cabo esa especie de convención de científicos y debido a la carencia de buenos mapas españoles, hacia 1752, Juan de la Cruz Cano y Tomás López fueron becados por Don Zenón de Somodevilla y Bengoechea, marqués de la Ensenada, para aprender Cartografía en París, lo mismo que a Manuel Salvador Carmona y Alonso Cruzado, para estudiar las técnicas del grabado con el célebre Cartógrafo Jean Baptiste Bourgignon d´Anville.[2] A la vuelta de París, estos jóvenes científicos comenzaron a elaborar mapas de los distintos territorios españoles. Desde luego, no realizaban personalmente las observaciones topográficas y astronómicas, sino que utilizaba los mapas de los siglos anteriores, las producciones europeas y los realizados por marinos e ingenieros militares.

Juan de la Cruz con la colaboración de Tomás López, realizó un espléndido Mapa marítimo del Golfo de México en 1755. Veinte años después, Juan de la Cruz realizó en solitario, su Mapa Geográfico de América Meridional, que es considerado como una de las grandes obras de la cartografía española del siglo XVIII. Sin embargo, apenas se hizo la primera edición en noviembre de ese año, de inmediato sufrió modificaciones, ya que en esta época se desarrollaba una activa discusión entre españoles y portugueses por la delimitación de las fronteras respectivas en América. Varias copias fueron destruidas para que no se divulgaran los detalles cartográficos contenidos en aquel grabado. Luego, en 1776, elaboró una segunda edición modificada, pero también se prohibió su impresión pretextando mala calidad.

La realidad era que se creyó que los datos del mapa afectaban desfavorablemente a los intereses nacionales en el Tratado de San Ildefonso, firmado con Portugal, sobre el viejo asunto americano de los límites coloniales con España.[3] En 1789 por orden del conde de Floridablanca se recogieron todos los ejemplares ya distribuidos y fueron secuestradas las planchas de cobre, en la Calcografía Nacional de España.[4]

En 1786, sin embargo, un ejemplar del mapa que había sobrevivido llego a manos de Thomas Jefferson, que era embajador americano en París y la envió al grabador William Faden, quien lo publicó en  Londres, ya que durante mucho tiempo se consideró el mejor mapa de América del Sur.[5]

Según la obra “Tesoros Cartográficos de la Biblioteca Nacional de España”, la primera Carta del Nuevo Continente, antecesora de la que comento, fue realizado por Juan de la Cruz Cano, mostrando gran rigor y escrupulosidad, ya que consiguió llevar a cabo una de las obras fundamentales de la cartografía americana del siglo XVIII. La factura del ejemplar que tiene ahora en sus manos, la Carta del Nuevo Continente. Según su mayor magnitud diametral desde el Río de la Plata, hasta más allá del Lago de las Asimboiles, muestra ser una síntesis de su antecesora, y en la cual de la Cruz utiliza la experiencia de Robert Vaugondy y la presencia de Georges Louis Leclerc, conde de Buffon, para garantizar cuidadosa y matemáticamente, la determinación de longitudes y latitudes de la América meridional.

“el Mapa de la América Meridional, realizado Juan del Cruz de la Cano y Olmedilla, señala el límite norte de Chile en los grados 25º  10′, (latitud que se asemeja mucho a la concesión de Almagro 25º  31′ 24″), y la línea divisoria, partiendo de este punto, sigue una dirección tortuosa hacia el noroeste hasta tocar con el trópico. El origen de este célebre mapa es un tanto confuso, según la información que tenemos el gobierno español comandó la fabricación de un mapa a Tomás López (1730-1802) y a Cano y Olmedilla (1734-1790). Que es similar al emitido por J.B. Bourguignon d’Anville entre 1752  y 1760. López desiste de la importante tarea que tendría, quedando la misión en manos de don Juan de la Cruz. Este utiliza para su cometido los mapas archivados por el Consejo de Indias y la colección particular de José de Ayala…”. [6]

En esta versión, el cruce de los ejes, el geodésico vertical (que es el eje rector de la concepción geométrica de la Carta) que va desde “Asimboiles 66° Latitud” a “La Plata 35° Latitud”, y el inclinado que traza la línea de orientación astronómica del Septentrión al Mediodía, es también reveladora de la necesidad en aquel momento, de hacer una precisión de la mayor importancia, dado que, habiendo sido elaborado en 1782, no intentaba ya entrar en las diferencias de opinión que se produjeron al interior de los Virreinatos españoles, con su anterior obra de 1775, que desató, entre otras, una enconada disputa por la posesión de La Patagonia, entre Chile y Argentina.

Querella político-territorial a la que luego se sumó Bolivia, que también reclamaría derechos sobre la tierra magallánica, y se prolongó hasta bien entrado el Siglo XIX. [7] Como se advierte con precisión, el cruce de los ejes anteriormente descritos, con la línea ecuatorial según su mayor magnitud diametral, marcaba los principales hitos geográficos necesarios para el deslinde de posesiones entre Portugal y España, en la región andina y La Amasonía.

Por lo que toca a la parte Septentrional, es evidente que el eje vertical y más especialmente el trazo de la “parrilla” geodésica, auxilian en la ubicación de las colindancias de las Colonias de la Costa Este con La Luissiana, territorio que en el año de 1801, apenas nueve años después de que De la Cruz hiciera esta obra cartográfica, el gobierno de los Estados Unidos terminaría comprando a Francia por 15 millones de dólares, gracias a las negociaciones de Thomas Jefferson con los representantes de Napoleón Bonaparte, relegando los intereses coloniales de España.


[1] Los mejores mapas de la época aparecieron en los trabajos de Didier Robert de Vaugondy, Essai sur l’histoire de la Géographie. París: Boudet, 1755; M. l’Abbe Lenglet DuFresnoy, Catalogue des meilleures cartes Géographiques générales et particulières. (París, 1742) Ámsterdan : Meridiam Publishing, 1965; R. J. Julien, Nouveau catalogue des cartes géographiques et topographiques. París, 1763 ; Sueur Melin, Coup-d’œil sur l’état actuel de la géographie mathématique de l’Espagne et du Portugal, Journal des voyages, Par J. T. Verneur, París, Colnet, vol. 18, 1823, págs. 53-75 ; A. Donnet, Coup d’œil sur la chorographie de l’Espagne et de Portugal, Spectateur militaire. París, vol. 16, 1833-34, 269-283.

[2] Jean-Baptiste Bourgignon d’Anville; (1697-1782) Geógrafo francés. Trabajó para la corte borbónica. Sus más de 200 mapas o planos son considerados los mejores del S. XVIII. Entre sus obras destacan: Atlas general, Atlas de China, Análisis geográfico de Italia y Mapas del Reino de Aragón.

[3] El tratado de San Ildefonso fue un acuerdo firmado entre España y Portugal, celebrado el 1º de octubre de 1777, por medio del cual se establecían las fronteras entre ambos países en Sudamérica. Los portugueses cedían la mitad sur del actual Uruguay (incluyendo Colonia del Sacramento), a España, más las islas de Annobón y Fernando Poo, en aguas de Guinea, a cambio de la retirada española de la isla de Santa Catalina, en la costa de Brasil.

[4] Rodolfo Núñez de la Cueva (1991), Historia de la  Cartografía Española, p. 189-190.

[5] Universidad Católica Andrés Bello (1985). Significación del mapa geográfico de América meridional de Juan de a Cruz Cano y Olmedilla en la historia cartográfica de Guayana, Caracas. Véase también Rodolfo Núñez de la Cueva (1991), Historia de la Cartografía Española, p. 189-190.

[6] Thomas Smith (1960), Cruz Cano’s Map of South America, 1775: Its’ Creation, Adversities and Rehabilitation, Imago Mundi, XV, re-editado, p. 49-78.

[7] En cuanto a la distribución política, el Plano de 1775, resulta más que interesante porque muestra a la Patagonia argentina como parte del virreinato de Chile. Precisamente por eso este mapa fue usado, en 1873, en una de las tantas discusiones limítrofes que mantuvieron Argentina y su vecino. Chile procuraba demostrar, por cierto, que el territorio patagónico estaba bajo su dominio, sin embargo, el argumento no fue aceptado por los diplomáticos argentinos porque la realización del mapa data de antes de la creación del Virreinato del Río de la Plata, que fijó los actuales territorios y determinó los limites de las naciones tal como las conocemos hoy. Otras obras suyas posteriores son el Mapa del Estrecho de Magallanes (1769); Carta de las costas de la provincia de Buenos Aires, Plano de Belgrado, Semlin  y contornos (1787); En 1788 había publicado el Hispania Vetus,y Julii Caesaris, y Plano de la bahía y puerto de Plymouth (1790).

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