La COMPETENCIA según “El Arte de la Guerra” de Sun Tzu, fráses selectas.


Selección realizada por Luis Arturo Méndez Alba

Fuente: SINERGOCIOS

Luis Arturo Mendez Alba

Hace más de dos mil quinientos años, el general chino Sun Tzu escribió el libro más importante de estrategia que se haya generado y lo tituló El Arte de la Guerra.

Si bien Sun Tzu, redactó este texto para aplicación meramente militar, resulta un libro de referencia obligada cuando de estrategia comercial se trata.

Para evitarte tener que leer todo el libro (cosa que te recomiendo), aquí te presento una serie de frases selectas para que te des una idea de la gran sabiduría de este militar chino de antaño.

Estoy seguro que les encontraras plana vigencia en el competitivo mundo actual.

La COMPETENCIA según “El Arte de la Guerra” de Sun Tzu, fráses selectas.

El supremo Arte de la Guerra es someter al enemigo sin luchar.

Es mejor conservar a un enemigo intacto que destruirlo.

Emplea no menos de tres meses en preparar tus artefactos y otros tres para coordinar los recursos para tu asedio. Nunca se debe atacar por cólera y con prisas. Es aconsejable tomarse tiempo en la planificación y coordinación del plan.

Si tus soldados, tus fuerzas, tu estrategia y tu valor son menores que las de tu adversario, entonces debes retirarte y buscar salida.

En consecuencia, si el bando más pequeño es obstinado, caerá prisionero del bando más grande.

Se enfrenta con preparativos a enemigos desprevenidos.

Si conoces a los demás y te conoces a ti mismo, ni en cien batallas correrás peligro, si no conoces a los demás, pero te conoces a ti mismo, perderás una batalla y ganarás otra; si no conoces a los demás ni te conoces a ti mismo, correrás peligro en cada batalla.

Antiguamente, los guerreros expertos se hacían a sí mismos invencibles en primer lugar, y después aguardaban para descubrir la vulnerabilidad de sus adversarios.

Hacerte invencible significa conocerte a ti mismo; aguardar para descubrir la vulnerabilidad del adversario significa conocer a los demás.

La defensa es para tiempos de escasez, el ataque para tiempos de abundancia.

La victoria sobre los demás obtenida por medio de la batalla no se considera una buena victoria.

Así pues, los buenos guerreros toman posición en un terreno en el que no pueden perder, y no pasan por alto las condiciones que hacen a su adversario proclive a la derrota.

En consecuencia, un ejército victorioso gana primero y entabla la batalla después; un ejército derrotado lucha primero e intenta obtener la victoria después.

Los que anticipan, se preparan y llegan primero al campo de batalla y esperan al adversario, están en posición descansada; los que llegan últimos al campo de batalla, los que improvisan y entablan la lucha quedan agotados.

Los buenos guerreros hacen que los adversarios vengan a ellos, y de ningún modo se dejan atraer fuera de su fortaleza.

Para tomar infaliblemente lo que atacas, ataca donde no haya defensa.

Sé extremadamente sutil, discreto, hasta el punto de no tener forma. Sé complemente misterioso y confidencial, hasta el punto de ser silencioso. De esta manera podrás dirigir el destino de tus adversarios.

Las situaciones militares se basan en la velocidad: llega como el viento, muévete como el relámpago, y los adversarios no podrán vencerte.

Haz que los adversarios vean como extraordinario lo que es ordinario para ti; haz que vean como ordinario lo que es extraordinario para ti.

Cuando está concentrado formando una sola fuerza, mientras que el enemigo está dividido en diez, estás atacando a una concentración de uno contra diez, así que tus fuerzas superan a las suyas.

Cuantas más defensas induces a adoptar a tu enemigo, más debilitado quedará.

Si haces que los adversarios no sepan el lugar y la fecha de la batalla, siempre puedes vencer.

Por tanto, haz tu valoración sobre ellos para averiguar sus planes, y determinar qué estrategia puede tener éxito y cuál no. Incítalos a la acción para descubrir cuál es el esquema general de sus movimientos y descansa.

Indúcelos a adoptar formaciones específicas, para conocer sus puntos flacos.

Pruébalos para averiguar sus puntos fuertes y sus puntos débiles. Por lo tanto, el punto final de la formación de un ejército es llegar a la no forma. Cuando no tienes forma, los informadores no pueden descubrir nada, ya que la desinformación no puede crear una estrategia.

La naturaleza de los ejércitos es evitar lo lleno y atacar lo vacío.

Así pues, un ejército no tiene formación constante, lo mismo que el agua no tiene forma constante: se llama genio a la capacidad de obtener la victoria cambiando y adaptándose según el enemigo.

Luchar con otros cara a cara para conseguir ventajas es lo más arduo del mundo.

Si ignoras los planes de tus rivales, no puedes hacer alianzas precisas.

Sólo cuando conoces cada detalle de la condición del terreno puedes maniobrar y guerrear.

La regla general de las operaciones militares es desproveer de alimentos al enemigo todo lo que se pueda.

Actúa después de haber hecho una estimación.

Utiliza muchas señales para confundir las percepciones del enemigo y hacerle temer tu terrible poder militar.

No presiones a un enemigo desesperado.

Un animal agotado seguirá luchando, pues esa es la ley de la naturaleza.

Cansa a los enemigos manteniéndoles ocupados y no dejándolos respirar.

Considera el afecto de la luz y manténte en la posición más elevada del valle. Cuando combatas en una montaña, ataca desde arriba hacia abajo y no al revés.

Es esencial bajar del caballo y escudriñar el terreno.

Si los pájaros alzan el vuelo, hay tropas emboscadas en el lugar. Si los animales están asustados, existen tropas atacantes.

Si sus emisarios vienen con palabras humildes, envía espías para observar al enemigo y comprobarás que está aumentando sus preparativos de guerra.

El enemigo que actúa aisladamente, que carece de estrategia y que toma a la ligera a sus adversarios, inevitablemente acabará siendo derrotado.

Cuando el terreno sea accesible, sé el primero en establecer tu posición.

Como norma general, para poder vencer al enemigo, todo el mando militar debe tener una sola intención y todas las fuerzas militares deben cooperar.

Estas son las seis maneras de ser derrotado. La comprensión de estas situaciones es la responsabilidad suprema de los generales y deben ser consideradas.

La primera es no calibrar el número de fuerzas; la segunda, la ausencia de un sistema claro de recompensas y castigos; la tercera, la insuficiencia de entrenamiento; la cuarta es la pasión irracional; la quinta es la ineficacia de la ley del orden; y la sexta es el fallo de no seleccionar a los soldados fuertes y resueltos.

Pero si eres tan amable con ellos que no los puedes utilizar, si eres tan indulgente que no les puedes dar órdenes, tan informal que no puedes disciplinarlos, tus soldados serán como niños mimados y, por lo tanto, inservibles.

No es ventajoso atacar al enemigo en un terreno clave; lo que es ventajoso es llegar primero a él.

Si las tropas caen en un terreno mortal, todo el mundo luchará de manera espontánea. Por esto se dice: “sitúa a las tropas en un terreno mortal y sobrevivirán.”

La rapidez de acción es el factor esencial de la condición de la fuerza militar aprovechándose de los errores de los adversarios, desplazándose por caminitos que no esperan y atacando cuando no están en guardia.

Sitúa a tus tropas en un punto que no tenga salida, de manera que tengan que morir antes de poder escapar. Porque, ¿ante la posibilidad de la muerte, qué no estarán dispuestas a hacer? Los guerreros dan entonces lo mejor de sus fuerzas. Cuando se hallan ante un grave peligro, pierden el miedo. Cuando no hay ningún sitio a donde ir, permanecen firmes; cuando están totalmente implicados en un terreno, se aferran a él. Si no tienen otra opción, lucharán hasta el final.

Incluso las personas que se tienen antipatía, encontrándose en el mismo barco, se ayudarán entre sí en caso de peligro de zozobrar.

Si obtienes la ventaja del terreno, puedes vencer a los adversarios, incluso con tropas ligeras y débiles.

Puedes ganar cuando nadie puede entender en ningún momento cuáles son tus intenciones.

Otorga recompensas que no estén reguladas y da órdenes desacostumbradas.

Emplea a tus soldados sólo en combatir, sin comunicarles tu estrategia.

Los asuntos se deciden rigurosamente desde que se comienza a planificar y establecer la estrategia desde la casa o cuartel general.

Cuando el enemigo ofrece oportunidades, aprovéchelas inmediatamente.

Entérate primero de lo que pretende, y después anticípate a él.

Ganar combatiendo o llevar a cabo un asedio sin recompensar a los que han hecho méritos trae mala fortuna y se hace merecedor de ser llamado avaro.

La información previa no puede obtenerse de fantasmas ni espíritus, ni se puede tener por analogía, ni descubrir mediante cálculos. Debe obtenerse de personas; personas que conozcan la situación del adversario.

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