¿El cloro de las piscinas está potenciando epidemia de alergias?


 NUEVA YORK (Reuters Health) – Nadar en una piscina con cloro aumentaría las probabilidades de un niño susceptible al asma y a las alergias a desarrollar esas enfermedades, indicó un estudio.

 “Estos datos muestran que al irritar las vías aéreas de los nadadores, los productos con cloro en el agua y el aire de las piscinas producen un efecto adicional importante sobre la aparición del asma y las alergias respiratorias, como la rinitis”, dijo a Reuters Health el doctor Alfred Bernard, toxicólogo de la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica.

 “El impacto de esas sustancias químicas sobre la salud respiratoria de los niños y los adolescentes sería mucho más grande, por lo menos cinco veces mayor, que la que produce el humo (de cigarrillo) de segunda mano”, indicó Bernard.

 Junto con los estudios previos realizados por el mismo equipo, “existen pocas dudas de que el cloro de las piscinas sea un factor importante en la epidemia de las enfermedades alérgicas que afectan al mundo occidental”.

 En el nuevo estudio, el equipo comparó la salud de 733 adolescentes, de 13 a 18 años, que nadaron en piscinas con cloro al aire libre y cubiertas durante distintas cantidades de tiempo, con 114 adolescentes (grupo de control) que nadaron principalmente en piscinas higienizadas con una concentración de cobre y plata.

 En niños sensibles a las alergias, nadar en piscinas con cloro elevó significativamente la probabilidad de desarrollar asma y alergias respiratorias, publicó la revista Pediatrics.

 Entre los adolescentes “sensibles”, la probabilidad de desarrollar fiebre del heno fue entre 3,3 y 6,6 veces mayor en los que nadaron en agua con cloro más de 100 horas, mientras que el riesgo de rinitis alérgica creció entre 2,2 y 3,5 veces en los que nadaron más de 1.000 horas en piscinas con cloro.

 Por ejemplo, 22 de 369 (el 6 por ciento) de los niños y los adolescentes que habían nadado en piscinas con cloro de 100 a 500 horas en su vida tenían asma, a diferencia de los que habían nadado menos de 100 horas (2 de 144 o el 1,8 por ciento).

 Las proporciones de asmáticos crecieron con la exposición a 14 de los 221 (el 6,4 por ciento) que habían nadado 500 a 1.000 horas y 17 de los 143 (el 11,9 por ciento) que habían nadado más de 1.000 horas.

 El riesgo de asma y alergia no se vio modificado por nadar en piscinas desinfectadas con cobre-plata y los niños sin tendencia alérgica no tuvieron más riesgo de desarrollar alergias.

 “La única explicación posible” para esas observaciones, indicaron los autores, es que las sustancias tóxicas del cloro en el agua o en el aire en la superficie de la piscina producen cambios en las vías aéreas y favorecen el desarrollo de las enfermedades alérgicas.

 “Probablemente no sea casualidad que los países con la mayor prevalencia de asma y de alergias respiratorias son aquellos donde las piscinas son muy populares” dijo Bernard a Reuters Health.

 Estos resultados, concluyó el equipo, “refuerzan” la necesidad de seguir estudiando el tema e implementar normas sobre los niveles de esas sustancias en el agua y el aire de las piscinas.

Por Megan Brooks

 FUENTE: Pediatrics, octubre del 2009

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